Por iniciativa de nuestra colega Paz Enriquez, la SIDPaJ tiene el placer de invitar, a los asociados que así lo deseen, a una actividad novedosa y de gran riqueza: los “Encuentros junguianos en el Museo del Prado”.
El objetivo es abordar temas concretos de interés profesional a través del arte, posibilitando la conexión directa con la obra, el trabajo grupal con la imagen, y favoreciendo la dinámica de amplificación tan importante en el universo junguiano.
Los Encuentros tendrán lugar el segundo sábado de cada mes, con frecuencia bimensual y una duración aproximada de dos horas. Llevaremos textos, reflexiones y experiencias clínicas al encuentro.
Se inicia el próximo mes de octubre con la escultura “Ariadna dormida”. Incorporamos este texto de Victoria Cirlot sobre el tema:
Desde la exégesis que Gilles Deleuze dedicó a la obra de Friedrich Nietzsche y el lugar que concedió a Ariadna, no puede caber ya duda alguna acerca del relevante papel de esta figura mítica en el pensamiento del filósofo alemán (Deleuze 1962; Deleuze [1963, 1987] 1993; Deleuze 1965). Los elementos del mito antiguo – Minotauro, laberinto, Naxos, Teseo, Dioniso, Ariadna – aparecen dispersos y combinados de modos diversos a lo largo de su obra, al menos desde la Fröhliche Wissenschaft (1882). Lo hacen, por lo general, de forma velada pero no tanto como para impedir su reconocimiento, mostrando una vez más la continuidad temporal del mito y su impresionante potencia (Blumenberg [1979, 2017] 2003). En lo que respecta concretamente a la princesa cretense, antes diosa y señora del laberinto, Ariadna, sus atributos permanecen (por ejemplo, el hilo), pero se le añaden otros. La antigua Ariadna convive con otra moderna. Nietzsche trabaja el personaje, a partir no sólo de los textos antiguos, sino también de las imágenes. Ariadna se hace visible. Adquiere vida a través de los gestos que le atribuye, a través de sus palabras y expresiones, hasta convertirse ella misma en signo legible. Relegada a los fragmentos desechados del Zaratustra (1882-1885), pero perceptible detrás de otros rostros de la misma obra, Ariadna va imponiendo lentamente su presencia hasta su eclosión final en el ditirambo de Dioniso, El lamento de Ariadna (1888).
FOTO: Museo del Prado. Ariadna dormida. 150 – 175. Mármol blanco, 99 x 238 cm. Sala 047






